Éste es el principal problema al que se tienen que enfrentar varias veces al día miles de propietarios de perros, el cual se agrava cuando el perro en cuestión tiene un tamaño y un peso considerable.

A menudo me encuentro con propietarios que se ponen en contacto conmigo para que solucione el problema que tienen con su perro y los “paseos”. Pongo entrecomillado porque quiero hacer una reflexión acerca del término PASEAR, que tantas veces usamos los que tenemos perro.
Podemos definir PASEAR, como «acto por el cual una persona o un grupo de personas (o personas y perros) disfrutan de un tipo de actividad (por lo general, al aire libre o fuera de espacios cerrados) de manera relajada. Cuando se realiza el acto de pasear pueden estar conociéndose nuevos lugares o cosas pero también se puede estar disfrutando de lugares conocidos que son tranquilos y apropiados para el goce. A diferencia de las actividades que implican alto riesgo o mayor excitación, el pasear siempre da la idea de paz y calma.»
Viendo esto, está claro que una persona que sale con su perro a la calle y te comenta que el “paseo” es un suplicio está haciendo con su perro cualquier cosa menos pasear. Pongámosle el nombre que se nos ocurra, pero desde luego no está paseando.

Ahora centrémonos en la idea de solucionar el problema y para eso hay que hacerse algunas preguntas que son realmente importantes en todos y cada uno de los casos:
¿Por qué crees que tu perro tira de la correa? ¿Cuál es tu actitud cuando lo hace? ¿En qué estado emocional sale tu perro a la calle? ¿En qué estado emocional vuelve el perro a casa? ¿Cuál sería tu definición de un paseo correcto? ¿Qué tipo de collar/correa tiene tu perro? ¿De qué manera has intentado “enseñarle” a tu perro a pasear?

La respuesta que los guías suelen darme a la primera pregunta acerca de cuál es el motivo por el cual creen que su perro tira de la correa, siempre es una mezcla de algunas de las siguientes:
- Porque está mal educado.

- Porque mi pareja/mujer/marido/hija/hijo lo tienen demasiado consentido.
- Porque es muy DOMINANTE y siempre quiere ir delante de mí.

De todas estas respuestas, la tercera es la más repetida. Desgraciadamente, el término DOMINANTE es el que la mayoría de los propietarios utilizan ante cualquier problema de comportamiento que no les gusta en su perro, entre los que se encuentra el tirar de la correa.
Ninguna de esas respuestas me vale para contestar a la pregunta, puesto que el problema NO es que el perro tire de la correa.

La acción de tirar de la correa es SIEMPRE una CONSECUENCIA de otro problema que no hemos podido ver y solucionar. De esta manera, si conseguimos encontrar el problema real que tiene nuestro perro y lo solucionamos, la consecuencia de tirar de la correa desaparecerá.

Lo primero que hay que descartar SIEMPRE ante cualquier problema de comportamiento en los perros es que sea consecuencia de algún problema VETERINARIO. Los problemas físicos tales como dolores, desarreglos hormonales, infecciones, alergias, etc. ocasionan en los perros un exceso de estrés y ansiedad que hacen que su estado emocional no sea bueno, de manera que se producen en el perro una serie de cambios de comportamiento que si estuviera completamente sano no sucederían.

El segundo elemento a tener en cuenta en un perro que tira de la correa es el VÍNCULO AFECTIVO que el perro tiene con su propietario. Hay muchos casos, en los que el perro quiere ESCAPAR de la correa, porque es lo que lo separa del entorno y la que lo OBLIGA a permanecer junto a nosotros. En estos casos en los que todo lo que existe en el entorno es para el perro algo mucho más interesante y apetecible que el propietario, existe un problema de VÍNCULO AFECTIVO que habrá que mejorar, para que el perro no quiera escapar de nuestro lado.

En este punto se engloban otras de las preguntas que hemos hecho anteriormente y que vamos a ir analizando una por una:
1) ¿Cuál es tu actitud cuando el perro tira de la correa?
Aquí el 100% de los propietarios contesta: «le doy un tirón fuerte de la correa». Vale, está claro que NO funciona porque si llevas meses o años pegando tirones de la correa y el perro aún no ha aprendido a pasear, es que no estás enseñándole nada.
Para ver esto más claro, pongámonos en el lugar del perro:  Supongamos que estamos solos todo el día y alguien viene a sacarnos de “paseo”. Durante el paseo y en cuanto nos separamos de esta persona un poco, recibimos un cogotazo/colleja bien fuerte. Si el paseo dura media hora, recibiremos una media de 3 cogotazos por minuto, es decir unos 90 cogotazos a lo largo del paseo. 3 paseos diarios como mínimo. Supongamos además que somos mudos y que no podemos preguntarle a nuestro acompañante porqué recibimos cogotazos cuando nos paramos a ver un escaparate, a saludar a nuestra prima, o queremos acercarnos un poco más a un grupo de mimos que está haciendo un espectáculo en la calle. Llegaría un momento en el que no se nos ocurriría mirar nada ni hacer nada por miedo a recibir un cogotazo. Y esto no es lo peor, el simple hecho de cruzarnos durante el paseo con alguien conocido o la presencia de esos mimos nos pondrá nerviosos y subirá nuestro nivel de ansiedad, porque durante mucho tiempo, cada vez que ha habido alguien conocido, un mimo, un escaparate o una heladería cerca, hemos recibido un fuerte cogotazo.
Volviendo a los perros, si cada vez que el perro tira de la correa porque quiere acercarse a algo que realmente le interesa o le genera curiosidad, como puede ser otro perro, un anciano, un niño, un ciclista o lo que sea, recibe un fuerte tirón en el cuello, no tardará en asociar que la presencia de perros, niños, ciclistas, etc. durante el paseo son un peligro para él. Lo único que estamos consiguiendo con esta actitud es generar en el perro un miedo a cierto tipo de cosas que antes no tenía, con el peligro que esto supone para todos.
Ni que decir tiene que el VINCULO AFECTIVO se verá deteriorado, pues el que tienes al lado no es un compañero de paseo para ti, sino que es alguien que te induce miedo constantemente. No podemos olvidar que la correa es la extensión de nuestro brazo, por lo que a través de ella nos estamos comunicando con el perro.


2) ¿Cuál sería tu definición de un paseo correcto?
Si bien hay muchos propietarios que ante esta pregunta me responden «me gustaría que el paseo fuera tranquilo y agradable» lo que es realmente el objetivo que tendríamos que tener, hay otros tantos que me dicen «quiero que mi perro vaya a mi lado, a mi paso, sin separarse ni un milímetro de mi pierna y siempre atento a mí». En estos casos siempre contesto: tú no quieres un perro que no tire de la correa, tú quieres un legionario.
El “junto” es un ejercicio que se puede enseñar a un perro siempre, pero NUNCA puede utilizarse para sustituir al PASEO. El perro cuando sale a la calle necesita relajarse, relacionarse con el entorno y desestresarse. Mediante el trabajo, eso es imposible. Si llevamos un perro en JUNTO, quizás nosotros estemos paseando, pero el perro no. Y si el motivo de salir a la calle era darle un paseo al perro, no tiene demasiado sentido que nosotros vayamos paseando y el perro vaya como un marine trabajando en vez de olfateando y relajándose.

3) ¿Qué tipo de collar/correa tiene tu perro?
Es muy habitual que al hacer esta pregunta me contesten «tiene uno de esos metálicos que son para que no tire y una correa bien corta para poderlo controlar bien».
Automáticamente me viene a la mente que el perro “pasea” con un collar de estrangulamiento o un collar de púas (aparte de una correa de 30 cm que no le permite ningún tipo de movimiento).
Está claro que si el propietario se queja de que el perro tira de la correa y el perro lleva un collar “de esos para que no tire”, el collar lo único que está haciendo es dañar al animal y para nada está solucionando el problema, sino más bien lo contrario. Partamos de la base de que queremos conseguir un paseo tranquilo y relajante. Pues bien: ¿es posible que un paseo sea tranquilo y relajante si mientras paseas te están ahorcando o se te están clavando púas en el cuello? La respuesta es más que obvia.
Al igual que nosotros cuando salimos a dar un paseo nos ponemos ropa y zapatos cómodos, los accesorios de paseo de nuestro perro han de ser también cómodos para él. Un arnés o un collar ancho y acolchado es lo mejor que podemos poner a un perro para que se sienta cómodo al pasear. No me cansaré de decir que NINGÚN accesorio por sí solo puede enseñar al perro a pasear sin tirar de la correa. Ese es nuestro trabajo, somos nosotros los que tenemos que enseñarle al perro cómo nos gusta pasear y por supuesto el aprendizaje de algo como el paseo, que ha de servir para desestresar, relajar y ayudar a la creación de un buen vínculo perro-humano, no puede basarse en la evitación por miedo al dolor.
En cuanto a la CORREA, comentar que para un perro, el sentido del olfato y su uso es lo que le da más información del entorno a la vez que le ayuda a reducir sus niveles de estrés. Cuando un perro olfatea una zona, está obteniendo una serie de detalles acerca del entorno que se escapan a los sentidos de la vista y el oído. Esa información la necesita para conocer el entorno en profundidad. Cuando un perro olfatea, no sólo está “leyendo el periódico” sino que además se está desestresando pues se sentirá más seguro en un entorno del que tiene más información que en uno que para él es desconocido. Por todo esto y mucho más, la correa que pongamos a nuestro perro ha de ser suficientemente larga como para permitirle olfatear el suelo, como mínimo, estando la correa destensada.
Parece una obviedad, pero un perro grande con una correa de 30 cm. No puede olfatear el suelo a no ser que nos agachemos para ayudarle. Igualmente, deben evitarse las correas extensibles, pues el cambio de  “libertad” a “bloqueo” descoloca al perro, debido a que el bloqueo aparece sin haber tensión previa y , por lo tanto, de forma imprevista.

Por último, y no por eso menos importante, debemos tener en cuenta que muchos problemas asociados con el miedo y el exceso de Estrés, pueden ocasionar que el perro tire de la correa y vaya por la calle como un loco e incluso reaccione ante objetos y circunstancias que a simple vista no podrían considerarse como un amenaza. En estos casos, trabajando el fondo del problema, la consecuencia de tirar de la correa se irá resolviendo paulatinamente.

Visto todo esto, podemos entender que algo tan aparentemente simple como la “corrección” de tirar de la correa, realmente no lo es tanto. Existen muchos factores a tener en cuenta que habrá que ir trabajando con el perro para finalmente obtener ese paseo relajante y agradable que tanto deseamos. Lo importante es encontrar el ORIGEN DEL PROBLEMA y a partir de ahí empezar a trabajar para eliminarlo.

Para finalizar, sólo recordar que PERRO y HUMANO pertenecen a especies diferentes y como tales, tanto uno como el otro habrán de respetar las necesidades del contrario para obtener una buena convivencia.
Los PERROS han de ser PERROS, con todo lo que conlleva ser perro. Es nuestra OBLIGACIÓN como propietarios conocer las necesidades y maneras de comunicarse de la especie canina, para de esta manera poder darles lo que necesitan en cada momento.
Está claro que en toda convivencia, bien sea entre miembros de una misma especie o miembros de especies diferentes, deben existir una serie de normas que tanto unos como otros han de cumplir ara no tener conflictos. Esas normas, los perros no las traen de serie, así que tendremos que ENSEÑÁRSELAS. Los perros aprenden rápidamente si el aprendizaje se realiza de una manera amable y respetuosa. Si por el contrario el aprendizaje está basado en el miedo y en el dolor, lejos de conseguir que el perro aprenda lo que queremos, sólo estaremos deteriorando nuestro vínculo afectivo con él y alimentando a la generación de problemas de comportamiento mucho más serios que andar por la calle más deprisa de la cuenta.

Inma Soto y Lilo Muñoz